Rolon, J., Aran, A., Irizarry, C., Santos, S., Urdaz, J.

University of Puerto Rico, Río Piedras Campus, San Juan, PR.


El alcohol como sustancia de uso generalizado ha tenido un largo recorrido histórico, desde sus inicios hace 30,000 años hasta la actualidad. Desde sus usos medicinales y religiosos en culturas antiguas, su uso ha evolucionado a uno de abuso en donde se comenzaron a establecer leyes prohibitivas durante los siglos 19 y 20. Gracias a su gran importancia cultural, específicamente en Puerto Rico en donde está atado a actividades de recreación social y celebraciones, al igual que se ve plasmado constantemente en el entretenimiento y los anuncios publicitarios, existe un gran problema de salud pública por el abuso de alcohol. En los Estados Unidos en estudios realizados el 2019, se reportó que 85.6% de las personas habían consumido alcohol y 25.8% reportaron haberlo consumido de manera excesiva. Además, en otras estadísticas conducidas en el mismo año, se estima que 10,142 personas fallecieron por conducir bajo los efectos del alcohol. Asimismo, se estima que 22.1% de las muertes por sobredosis en Estados Unidos está relacionado con la mezcla del alcohol con opiáceos recetados y 18.5% de las personas que llegan a urgencias se debe a algún problema con el alcohol. Se estima que casi 15 millones de personas en EE.UU actualmente viven con algún tipo de trastorno por consumo de alcohol y esta condición lleva a una alta tasa de muertes por diferentes causas. Por esto, se investigó a fondo sobre los efectos que esta sustancia tiene fisiológica y conductualmente ya que puede causar problemas en la conducta y cambios en el sistema anímico. Estos pueden incluir comportamientos inadecuados, estados de ánimo inestables, alteración de la capacidad de juicio, dificultad para hablar, problemas de atención o memoria y problemas en la coordinación.

La acción psicofisiológica y farmacodinámica del alcohol es fundamentalmente depresiva, por la reducción de la transmisión sináptica en el sistema nervioso humano. Se sabe que el consumo excesivo de alcohol causa una disfunción crónica del cerebro, produciendo trastornos en el sistema nervioso central, causando alteraciones en la memoria y en las funciones intelectuales como comprensión y aprendizaje. Las propiedades sedantes del alcohol hacen que éste tenga sobre el organismo un efecto anestésico en algunas áreas del cerebro, disminuyendo su actividad; y como todo medicamento sedante-hipnótico, actúa para favorecer la inhibición sináptica, producida por el transmisor denominado ácido gamma-aminobutírico. También, se presentan los diferentes componentes de posibles tratamientos para el alcoholismo. Aunque actualmente no exista una cura para la adicción al alcohol, se han desarrollado diversos programas de tratamientos efectivos para la recuperación y rehabilitación. Estos tratamientos profesionales comienzan con la desintoxicación con benzodiazepinas para tratar los síntomas de la retirada de alcohol, luego la farmacoterapia, usualmente se utiliza Disulfiram para evitar el consumo, junto con las terapias conductuales y los programas de rehabilitación, como AAA, para alcanzar la abstinencia a largo plazo. Como estrategias para manejar esta crisis de abuso, se debe educar a la población general sobre los peligros del alcohol al igual que aumentar el alcance de los tratamientos establecidos para las personas con trastornos de abuso.

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